La inestabilidad que cuesta millones: el ciclo sin fin de rotación en el Estado peruano El Perú tiene hoy a su séptimo presidente en solo siete años.
Cada cambio de gobierno desencadena un efecto dominó en toda la estructura del Estado: nuevos ministros, viceministros, secretarios generales, jefes de gabinete, directores generales… y así sucesivamente hasta las áreas técnicas.
El resultado es un Estado que se reinicia constantemente.
Cada gestión comienza desde cero, sin continuidad, sin una hoja de ruta obligatoria y, sobre todo, sin memoria institucional.
En las próximas horas, el actual presidente designará a los nuevos ministros de Estado. Sin embargo, estos funcionarios permanecerán solo unos meses en el cargo, hasta que un nuevo gobierno asuma el poder el próximo año y vuelva a reemplazarlos.
Cada ministro cambiará a sus equipos, y estos, a su vez, renovarán los suyos. Un ciclo que se repite una y otra vez.
¿Qué significa esto en la práctica?
– Proyectos que se paralizan o se abandonan.
– Planes nacionales que no se ejecutan.
– Mayor gasto público en reasignaciones y reestructuraciones.
– Equipos siempre a la espera de un nuevo jefe.
El costo invisible de esta rotación es altísimo: no solo se mide en millones de soles perdidos, sino en oportunidades desperdiciadas para mejorar la gestión pública y la vida de los ciudadanos. No se avanza.
Mientras tanto, el foco sigue puesto en el cortoplacismo y el populismo, en lugar de consolidar una gestión ejecutiva con visión de país.
No necesitamos más “bomberos” que apagan incendios políticos; necesitamos gestores públicos con continuidad, técnica y propósito.
El Perú no solo pierde eficiencia con cada cambio; pierde rumbo, talento y tiempo. Un país que vive en permanente rotación no garantiza resultados ni ejecuta transformaciones sostenibles.